Hay un lugar en el que la tierra volcánica convive con la espesura de la laurisilva. Donde el atlántico y los aliseos, son un vecino más. Un lugar donde la gente no habla, palica. Y donde la primavera decidió quedarse a vivir eternamente. En ese lugar el reloj marca una hora menos, aunque todo el mundo aspira siempre a algo más.

¿Pero qué esperaban de un pueblo que hasta se inventó un lenguaje silbado para comunicarse entre barrancos? Así es esta tierra, y así quien la habita. Desde Punta Restinga hasta la Alegranza. Normal que hayan logrado tener la isla más sostenible del mundo. O que su fiesta lleve cinco siglos de vida. Y es que la energía canaria es así. Nunca se acaba. No se acaban los días de sol. No se acaba la fuerza del viento. Ni la actividad de la tierra. Pero sobre todo, no se acaba la energía de los canarios.